Los gritos de las mujeres de Juárez son silenciosos, porque nadie los escucha, ni las empresas que sacan el beneficio del trabajo de esas mujeres, ni el gobierno de Méjico o el de los Estados Unidos que se benefician de los acuerdos de libre comercio, nadie los escucha, y todas las pruebas indican que se producen muchísimos asesinatos. Toda una cultura del crimen que no hace más que empeorar cuanto más se desmiente y se incubre. Porque incubrirlo resulta más barato que proteger a esas mujeres. Todo es cuestión del resultado final, y así aumenta el número de víctimas. Eva Jiménez, 16 años, trabaja en una maquinadora montando televisores, gana 5 dólares al día...